29.5.08

·El pandero de piojo·



Ya se puede ver aquí El pandero de piojo.

24.5.08

·Tatio Viana, su generosidad y Meléndez·

Tal como prometió, Tatio Viana me envió una verdadera joya bibliográfica, un ejemplar del difícilmente encontrable El verdadero inventor del buque submarino, de Francis Meléndez, cuando ya me estaba resignando a tener que encargarlo, en inglés, a los EEUU. Un tesoro.
El libro venía custodiado por un montón de ilustraciones de su ciclo sobre el circo, en el que lleva ya tiempo trabajando. Son unas imágenes preciosas cargadas de un delicado y agradable sentido del humor. Las reproducciones en papel, excelentemente imprimidas, ganan mucho frente a como se ven en el monitor, más pequeñitas y en formato digital.
El verdadero inventor del buque submarino (Ediciones B, 1989) forma parte del conjunto de libros de Francis Meléndez que más me interesaba conseguir (Kifuko Yep-Yep Nami Gú, El viaje de Colonus y Leopold, la Conquista del aire). En todos ellos se encuentra su genio creativo en estado puro, puesto que fue él quien controló todo el proceso de producción: creación del texto, ilustraciones, tipografía-caligrafía y maquetación.
Lujosamente editado, el libro incluye una sobrecubierta a todo color en papel de brillo (aunque yo lo preferiría en mate, como en Leopold) con una ilustración que recoge a la perfección el carácter de Tobías Chimérique, marqués de la Tour, protagonista de la historia.

Bajo la sobrecubierta aparece una ilustración opuesta en estilo a la anterior, sencilla y esquemática, en la que se recoge de nuevo el título y una nota en la que se afirma que se trata de "Un libro barroco para niños"


Aparece como autor un tal Annibal Cobelet. Es muy frecuente en Meléndez poner en boca de otros la autoría de sus textos. Este recurso le da mucho juego a la imaginación y nos permite experimentar un curioso sentimiento de realidad-ficción mientras leemos y contemplamos el libro. Recientemente, el Animalario Universal del Profesor Revillod, de Javier Sáez Castán (también aragonés, por cierto) me provocó una emoción similar en este sentido.
Las portadillas tienen asimismo mucha miga, y más en este ejemplar que me regaló Tatio. Vienen con dedicatoria incluida de Meléndez, de su puño y letra, a una persona que, por sus palabras, debió ser muy importante en su carrera. Tal vez resulte fetichista, pero me resulta excitante estar en posesión de un ejemplar con tanta (y desconocida en parte) historia detrás.


Para el texto, Meléndez no utilizó tipografía alguna. En su lugar caligrafió todas y cada una de las palabras que lo componen con especial mimo y atención, lo que constituye un ejemplo más de la dedicación y amor que este hombre ponía en sus obras. A lo largo de la narración se deleita con los trazos caligráficos a la manera barroca (aquí pueden verse ejemplos parecidos de la época). Esto, junto al aspecto arcaico de las ilustraciones, barniza el libro con una pátina de antigüedad que potencia esa sensación de realidad-ficción de la que hablaba más arriba.



Sin embargo, todas estas virguerías formales resultarían vacíos aspavientos si no tuviesen detrás el apoyo de una historia interesante que las dotara de sentido. Meléndez creó un relato hermoso e imaginativo, excelentemente contado, al servicio del cual puso un intenso trabajo de documentación. Pero los datos obtenidos no aparecen en ningún momento como postizos artificiosos o alardes de erudición. Más al contrario, ambientan sutilmente la narración y nos sumergen en una época en la que las máquinas, omnipresentes hoy en día, eran todavía objeto de fascinación. Como colofón a todo ello, el libro termina a la manera de Meléndez, con un final sorprendente.

Resulta francamente complicado encontrar entre las producciones actuales libros de esta calidad y que le dejen a uno tan buen sabor de boca.

***

Leonor Pérez, del colectivo Minga ilustradoras, me pasó un cuestionario con algunas preguntas relativas a la profesión. Tengo el placer de compartir espacio allí con algunos compañeros cuyo trabajo admiro. Puede consultarse aquí.

19.5.08

·David Vela, los muertos y Meléndez·

David Vela me envió hace unos días el catálogo de su exposición Los muertos y las muertas, que tuvo lugar en Alcalá de Henares y fue organizada por el Programa de Humor Gráfico de la Fundación Universidad de Alcalá.

En ella se mostraban las ilustraciones que realizó, con su inconfundible estilo oscuro y enigmático, de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna sobre el tema de la muerte. Es un verdadero placer detenerse en cada dibujo, en las ocurrencias de David, en su manera de interpretar los textos. Además, tuvo la generosidad de acompañar el envío con dos dibujos que Francis Meléndez repartía en una de sus exposiciones, a finales de los 80. Qué más se puede pedir.


12.5.08


Hace poco más de una semana tuve la fortuna de contactar con Koldo Barroso. A ambos nos unía la pasión por la figura artística de Francis Meléndez, si bien él tenía mucho mayor conocimiento de causa al poseer una parte importante de su bibliografía. En ese momento yo apenas contaba con un artículo acerca de su figura, que guardaba como oro en paño, publicado hace años en un suplemento dominical y el recuerdo de algún libro visto en alguna biblioteca, pero tan poco bastó para que me sintiera fascinado por su obra. Rápidamente pensamos en hacer algo para re-difundir su maravilloso trabajo. Entre las posibilidades barajadas se encontraba la redacción de un artículo que recogiera la trayectoria artística de este genio zaragozano. Y aquí está.

Tras la estela
de Francisco Meléndez.

Koldo Barroso: texto y selección de imágenes.

Leopold, La Conquista del Aire

Muchas veces, tal y como en esos cuentos que tanto nos gustan, las figuras más prominentes son como esas estrellas fugaces que atraviesan el firmamento en las noches de verano y cuya corta trayectoria apenas dura lo mismo que un parpadeo. Pero si tenemos la fortuna de verlas, jamás las olvidamos. Así es para mí la obra de Francisco Meléndez, el magnánimo ilustrador autor de cuentos español cuya alargada y brillante estela tratamos de seguir yo y otros muchos ilustradores de mi generación.

Este artículo sobre la oculta pero no completamente olvidada figura de Francisco Meléndez ha sido fruto de una conjunción de elementos, después de que Jacobo hiciera una referencia a su obra en este blog. Cuando vi el nombre de Meléndez en la pantalla me lancé de cabeza a indagar qué se sabía de éste genial autor que tanto me influyo durante mis primeros pasos como ilustrador. Jacobo y yo llegamos a la conclusión de que era necesario airear un poco el trabajo de Francisco Meléndez en Internet en un intento desesperado de recuperar la memoria de su incomparable obra. Jacobo ha publicado recientemente, en éste mismo blog otro artículo acerca de uno de los más importantes trabajos de Melendez: El Viaje de Colonus. Además, ha tenido a bien publicar ésta traducción en español que he realizado de un artículo gemelo en inglés que he publicado en mi blog.


Me topé con la obra de Francisco Meléndez en 1989, a través de uno de sus múltiples trabajos como ilustrador para la colección El Barco de Vapor de la editorial SM: El Valle de los Cocuyos. Este precioso y recomendable cuento de literatura mágica de la autora colombiana Gloria Cecilia Díaz Ortiz fue galardonado con el premio Barco de Vapor de 1985 y para mi asombro estaba acompañado de unas de las ilustraciones más bellas, delicadas e intensas que había visto en muchos años.


El Valle de los Cocuyos

Así fue que me enamoré de las ilustraciones de Francisco Meléndez: me dejé empapar de sus influencia y no puedo ocultar que en aquel momento me entró por todos los poros. A partir de éste momento, compré todo lo que encontraba de Meléndez en las librerías, incluyendo varios títulos infantiles para la colección Austral Juvenil de Espasa Calpe.


Una de las maravillas que -según mi criterio- produjo Meléndez, fueron las ilustraciones para El Cascanueces Y el Rey de los Ratones, publicado por Montena en 1987. Bien cierto es que yo siempre fui un fan de la literatura gótica de E.T.A. Hoffmann y de la obra musical de Tchaikovsky, pero las ilustraciones de éste libro, con esos delicados dibujos a lápiz y aguas de tintas planas, me siguen pareciendo una de las obras de ilustración más bellas jamás editadas en España.


El Cascanueces y el Rey de los Ratones

Sobre la figura de Francisco Meléndez se sabe poco, quizás ésto haya ayudado a añadir misterio a su persona. Nació en Zaragoza en 1964 y a los quince años dejó los estudios e ingresó en una escuela militar como corneta, donde apenas duró unos meses. Según reza la referencia biográfica de Espasa-Calpe "alterando cierta práctica del dibujo con el bélico clarín y alguna visita a la biblioteca del cuartel, donde se apasionaba por la historia, la música y la literatura. en este tiempo proyectó emigrar a lejanos países para hacer fortuna y casi se enrola en la Marina Mercante, pero se enamoró y se quedó en tierra firme, trabajando un poco en cualquier cosa."


Francisco Meléndez comenzó a ilustrar libros en 1983, desde que le encargaron las ilustraciones para un libro de ecología por el cual según él mismo "le timaron". A partir de ahí realizó varios trabajos para diferentes instituciones aragonesas. Personalmente desconozco sus trabajos hasta la edición de El Valle de los Cocuyos, que fue editado un par de años después.



Los Buscadores de Tesoros

Los trabajos de Meléndez llegaron a España trayendo un soplo de aire fresco y renovador en la ilustración infantil y juvenil. Al igual que yo, Meléndez perteneció a una época en la que el trabajo de los ilustradores era extremadamente anónimo, no existía Internet y menos aún blogs de ilustradores en donde los creadores pudiésemos reunirnos para hablar de nuestros trabajos. Sin embargo, su esplendido trabajo no pasó en absoluto desapercibido: en 1987 le fue concedido el Premio Nacional de Ilustración por "la Oveja Negra y Otras Fábulas" de Augusto Monterroso.

El Verdadero Inventor del Buque Submarino

La carrera de Meléndez en el mundo editorial representó tal ascenso meteórico que tan solo a los seis años de empezar su carrera comenzó a publicar sus primeros libros de texto e ilustración a todo color con El Verdadero Inventor del Buque Submarino (Ediciones B, 1989); un trabajo inaudito en el mundo editorial español en el cual Melendez utilizó elementos gráficos como la caligrafía y los grabados barrocos. En los años siguientes, los premios se sucedieron, incluyendo una mención al libro mejor editado en Liber 90 por El Verdadero Inventor del Buque Submarino, el Premio Nacional de Ilustración por segunda vez en 1992, y la Medalla de Plata en la Exposición Schöntes Bücher Alles Welt de Leipzig. Sus últimas ediciones llamaron la atención de editores internacionales como Harry N. Abrams de Nueva York para ser publicadas en el mercado norteamericano. Pero el colofón de su carrera llegaría cuando la productora Walt Disney/Touchstone Pictures adquirió los derecho de su libro Leopold, la Conquista del Aire para un proyecto que hasta la fecha se desconoce.


A mi entender, uno de los aspectos más interesantes de la obra de Meléndez fue su impacto en el mundo editorial del momento. Para entender ésto es necesario echar marcha atrás y ponerse en la situación de España a finales de los 80, en la cual la mayor parte de la ilustración infantil y juvenil que se veía seguía una serie de cánones plásticos que llevaban establecidos desde los años 60. Cánones que, por otra parte, ya habían sido desafiados por ilustradores de la talla de Ana Juan y Ceesepe. La propuesta de Francisco Meléndez nada tenía que ver con el tipo de dibujos infantiles a los que estábamos acostumbrados, parecían más bien una inocente y a la vez desafiante destilación del arte griego, el grabado barroco y la pintura naif, todo ello impregnado por un aparente amor por la cultura romántica anglo-sajona.


Ocho Cuentos del Perrito y la Gatita

En mi humilde opinión, el trabajo de Meléndez es fruto básicamente del dibujo, si bien la pintura quedó relegada a un segundo plano hasta sus últimos trabajos. Él mismo sin ir más lejos decía en una entrevista a la revista Peonza: "empecé dibujando en blanco y negro porque no dominaba los colores del todo. Luego me lo han pedido repetidas veces y he continuado haciéndolo". Meléndez es sobre todo un maestro de la sencillez, de las formas, de la armonía de la composición de escenas y de diseño de personajes. Son suficientes razones para convertir sus trabajos en verdaderas obras de arte. Además de todo esto podría ser el ejemplo personificado del talento autodidacta que ha demostrado que el buen hacer y la originalidad no están reñidos con el éxito a pesar de la falta de "escolarización de las técnicas".


Otro de los mayores logros de Francisco Meléndez que he observado es su enorme capacidad para adaptar su inconfundible estilo a diferentes estéticas, dependiendo de los requerimientos del texto; una cualidad imprescindible para todo buen ilustrador que se precie. Desde el arte pre-hispano de El Valle de los Cocuyos al arte japonés de Tomi Kikansha, pasando por el barroco de El Cascanueces, la estética Victoriana en Leopold.

A partir de 1993, la figura de Francisco Meléndez desapareció como la espuma. Todo fueron rumores. Si bien su reseña biográfica en Espasa-Calpe decía: "Ahora vive tranquilo y recogido como un monje, entregado a su obra". Según Jacobo, se ha rumoreado que tras la pérdida de un ser querido de su entorno de trabajo decidió abandonar el mundo editorial e ingresó en un monasterio de monjes Cartujos. No podría decir si es realidad o forma parte de la cortina de misterio que siempre envolvió a su persona y en la cual su lánguida silueta se pudo haber embozado para abandonar el escenario editorial penetrando con paso silencioso en la densa niebla del anonimato, tal y como si se tratara del personaje de uno de sus libros.

En relación a Francisco Meléndez, me viene a la mente un recuerdo de una conversación con el autor catalán de literatura infantil Joan Manuel Gisbert, con quién trabé cierta amistad a finales de los años 80. En ese momento yo estaba planteándome dedicarme a la ilustración de forma profesional y cierta vez se lo comenté a Gisbert, quien me hizo un retrato bastante oscuro e inaccesible del mundo profesional editorial para un joven artista como un servidor. Le comenté que había gente, como por ejemplo Francisco Meléndez, que se estaba ganando la vida muy bien con la ilustración. Gisbert contestó: "¡Es que Francisco Meléndez es Dios!". Nunca averigüé si Francisco Melendez es Dios, tampoco me importa mucho porque nunca he creído en ese tipo de ídolos. Pero lo que si que he averiguado es que 20 años después de esa conversación nadie se acuerda de quién es Francisco Meléndez.

Tal y como Gabi Beltrán apuntaba recientemente en un artículo de su blog, los ilustradores no son estrellas de rock, menos aún dioses del Olimpo. Mejor así. Pero lo que si que me parece verdaderamente triste es comprobar como en España un artista de la categoría de Meléndez puede pasar del reconocimiento internacional al más completo olvido. Por eso, Jacobo y yo esperamos poner nuestro pequeño granito de arena para desenterrar la obra de Francisco del olvido. Y lo hacemos con la ilusión de que otros ilustradores más o menos jóvenes descubran la enorme riqueza de su legado artístico y también literario, y de paso agarrarnos con fuerza a la estela de ese deslumbrante cometa de la ilustración española llamado Francisco Meléndez.


A continuación he elaborado una lista incompleta de sus títulos publicados. Si tienes información de alguna otra obra, por favor deja un comentario para que podamos actualizarla.

-El hombre del aire libre. Rafael Gastón. 1983. (Gracias, Nacho Bruna)
-Once Animales con Garra y Uno con Alma. Ciro Alegría. Ed. Alfaguara, 1986.
-El Valle de los Cocuyos. Gloria Cecilia Díaz. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1986.
-La noche de las papeleras. Diputación General de Aragón, 1987. (Gracias, Chema)
-Los Machafatos. Consuelo Armijo. Ed. Edelvives, 1987.
-El Cascanueces y el Rey de los Ratones. E.T.A. Hoffmann. Ed. Montena, 1987.
-Jacobo No Es Un Pobre Diablo. Gabriele Heiser. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1987.
-Los Buscadores de Tesoros. Edith Nesbit. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1987.
-La Huida. Antonio Martinez Menchén. Colección Austral Juvenil, Ed. Espasa-Calpe.1988.
-Los Cuentos de Mis Hijos. Horacio Quiroga. Ed. Alfaguara, 1988.
-Los Viajes de Gulliver. Jonathan Swift. Ed. SM, 1988.
-Ocho Cuentos del Perrito y la Gatita. Josef Capek. Colección Austral Juvenil, Ed. Espasa-Calpe.1989.
-El Gigante de la Selva. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Sortija Milagrosa. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Anillo de Simplicio. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Calabaza de la Suerte. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Hija del Minero. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Amazona de los Bosques. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Delfín de Oro. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Verdadero Inventor del Buque Submarino. Francisco Melendez. Ed. B, 1989.
-Leopold, La Conquista del Aire. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1990.
-El Peculiar Rally París-Pekin. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1991.
-El Viaje de Colomus. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1992.
-Kifuko Yep-Yep Nami Gú. Francisco Meléndez. Ed. Ikusager, 1992.
-Tomi-kikansha. Francisco Meléndez. La biblioteca de Lastanosa. Zaragoza, 1994.
-La carpa de Trufaldino. Roberto Espina. Cultural Caracola. Colección Titirilibros. Zaragoza, 1997. (Gracias Arianna)
-Íntimas suculencias. Laura Esquivel. Ollero&Ramos, S.L., 1998. (Gracias, Iban)
-Estrellita marinera. Laura Esquivel. Ollero&Ramos, S.L., 1999. (Gracias, Aitana)

Francisco Meléndez en Internet:
-Behind the Stella of Francisco Meléndez. Versión de éste mismo artículo en inglés en la web de Koldo Barroso. ¡Ojo!, con imágenes diferentes a éste.
-Entrevista a Francisco Meléndez. Revista Peonza, Octubre 1993.

 Inquieta Gómez García aporta toda esta nueva información:
-Viaje a una casa tradicional aragonesa, 1984. Texto de José Aznar Grasa. Ilustra Francisco Meléndez.
-El hombre del aire libre. Concejalía de enseñanza y guarderías del Ayuntamiento de Zaragoza, 1984. Texto de Rafael Gastón Nicolás. Ilustra Francisco Meléndez.
-Cuentos que me contaron. Fundación Nueva Empresa de Zaragoza, 1991. Texto de Gabriela Sánchez Pérez. Ilustra Francisco Meléndez.

9.5.08

·Mi primer Meléndez·



Recibí hace unos días mi primer libro de Francisco Meléndez. Se trata de El viaje de Colonus (Aura Comunicación, 1992).
Francisco Meléndez es una de las mayores figuras de la ilustración con las que topé hasta el momento. Aunque su enigmática vida contribuye a enraizar esa fascinación que siento hacia él, la excelencia de su obra no necesita de ningún añadido para ser apreciada y admirada. Ahora, mi objetivo es reunir toda su bibliografía, tarea complicada puesto que la mayoría de sus libros están descatalogados.
El viaje de Colonus tiene un formato demasiado pequeño, para mi gusto: 14x24cm. Lo ideal sería el doble. El corte de las páginas no es al uso, sino que el interior se despliega como un friso de más de tres metros a lo largo del cual se va desarrollando la historia (aunque está plegado de tal manera que puede ser leído y contemplado como un libro tradicional). Con respecto a las ilustraciones, lo único que puedo decir es que me producen un estado de admiración constante. Cada una de ellas funciona como un mundo ante el que el observador se puede quedar eternamente boquiabierto. Están repletas de narraciones paralelas y el tratamiento de las formas y del color son realmente fascinantes. Tiene que ser impresionante ver el original, de nueve metros de largo, y sumerjirse en cada detalle, como en un cuadro de El Bosco.
El texto me parece también sumamente creativo. No podía ser de otra manera, proviniendo de Meléndez. Aborda la narración no como un relato infantilizado de la aventura de Colón, sino reelaborando de una manera llena de encanto e imaginación la historia de su viaje y posterior llegada a las Indias.

Aquí se puede leer una entrevista que le hicieron en la revista Peonza, en 1993.
Además, tengo un artículo de 1994 que apareció sobre él en un suplemento dominical en el que aparecen también ilustraciones de varios de sus maravillosos libros. Si a alguien le interesa, que me escriba un correo y se lo mando encantado, escaneado en un pdf.

Quería aprovechar para citar también a otros dos ilustradores con los que comparto la admiración por Meléndez. Son David Vela y Koldo Barroso.


***

Conseguí este ejemplar de Colonus en una librería de segunda mano. No sé si les quedan más ejemplares, pero, en cualquier caso, estos son sus datos:
J.M. Alemán Libros
Tlf: 928 351 862-666 387 989
www.jmalemanlibros.com

5.5.08

·Tudi maus·


Para ver, pulsar sobre la imagen.