26.9.08

·Libro de valores·


Durante el verano, hasta la semana pasada, estuve trabajando en un libro cuyo parto fue difícil por diversas circunstancias. Una de ellas fue el hecho de que se me pedía un tipo de trabajo muy tradicional, contrario a la búsqueda en la que me hallo inmerso en este momento (nuevas formas de composición, lenguajes diferentes a la hora de representar las escenas, alejamiento de la literalidad...). Desde luego, uno es libre para aceptar o rechazar un encargo, pero al final éste me resultó atractivo por mi confianza en una de las editoras y porque la disposición del texto en las páginas suponía un reto, en el sentido de que me obligaba a buscar la manera de encontrar una ilustración que fuera encajable en el escaso espacio disponible, a ilustrar con lo mínimo. No obstante, el trabajo final sufrió varias correcciones encaminadas a darle al libro una apariencia todavía más tradicional.

Como ejemplo pondré el dibujo que ilustraba un cuento irlandés titulado El gigante de Escocia. Para ser fiel a lo que decía más abajo acerca de que no es posible valorar realmente una ilustración sin conocer el texto que la acompaña, resumo brevemente el cuento:
Un gigante irlandés recibe la "invitación" a luchar por parte de otro gigante mucho más fuerte que él que vive en Escocia. Ante el aprieto, a su mujer se le ocurre la idea de vestirlo de bebé y meterlo en una cuna. Cuando llega el escocés preguntando por él, su mujer le dice que no está en casa. Al ver el "bebé" que hay en la cuna el gigante peleón sale huyendo a toda prisa. Piensa que no tiene la más mínima posibilidad de ganar el combate que él mismo convocó porque un niño tan enorme solo puede ser hijo de un ser descomunal.

La ilustración de arriba era mi propuesta, ya bastante literal aunque demasiado arriesgada en la composición, según el criterio de la editorial. La de abajo es el resultado de las correcciones que me pidieron.
Son dos maneras diferentes, de entre las muchas que hay, de enfrentarse a un mismo espacio disponible.



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Una mujer que me regala telas, y que prefiere permanecer en el anonimato, me contó esta graciosa anécdota:

"Estoy en el ordenador y las niñas han llegado del cole. XXXX se ha sentado a curiosear los libros que tengo en la estantería y se ha puesto a leer en alto en no sé que idioma raro, pronunciando como de broma algo que suena como a espanglis-chinorris, algo rarísimo y la digo:
-¿Pero que lees? -y me enseña tu libro del Conejo Dentón. La digo que es gallego y que así no se lee. Y me dice que si se lee como se escribe, entonces la digo que sí (aunque no estoy segura) y me dice:
-Uf! entonces es mas fácil.
Y ahí la tengo leyendo en gallego."

Está claro que los niños ven en los libros mucho más que un simple conjunto de páginas que leer.

21.9.08

·Un árbol del jardín frutal·



H
ace varios días recibí un árbol bellamente decorado con un sobre, que me envió Cecilia Varela desde el otro lado del Atlántico. Venía cargado de cariño y de frutas exquisitas: tres de sus libros, un precioso y delicado original, un móvil de pájaros para mi niño hecho por ella, postalitas con ilustraciones suyas y otras lindezas, como un cuento desplegable que realizó para la asociación de ilustradores a la que pertenece (El Ilustradero).
De las cualidades de Ceci como ilustradora ya hablé un poco más abajo, cuando traté el problema de la literalidad en la ilustración. Nos encontramos ante alguien que va a dar mucho que hablar en el futuro gracias a su talento y a su empeño constante en conseguir la excelencia en sus trabajos. Las imágenes enigmáticas de su fértil universo particular dialogan y juegan con los textos a la perfección, elevándolos y enriqueciéndolos como pocas veces vi. Lo bueno es que los trabajos que tiene en el horno son aún muchísimo mejores que estos que tengo la suerte de tener conmigo. Porque Ceci está en superación constante y cada vez me resulta más difícil cerrar la boca ante su obra.

Universo de palabras. Ediciones El naranjo. México, 2007
La tradición de Judas. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2007.
(Me envió también su primer libro, pero le da vergüenza
que lo ponga...)

Gracias, Madame Cerezovska.


10.9.08

·Prueba rechazada...



...por resultar excesivamente infantil para un público de 6 a 10 años.

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AQUÍ un artículo de María Teresa Andruetto en cierto modo relacionado con el tema.