30.9.09

·Varios intentos·

Aunque los compañeros de profesión conozcan perfectamente el tema, quizá haya personas que sientan curiosidad con respecto a como se llega a la imagen final de un trabajo de ilustración para un libro. Por lo general, se trata de una tarea en la cual el ilustrador propone una estética y una orientación argumental que luego han de aprobar, o no, los editores. A veces sucede que uno acierta a la primera y su trabajo entra a imprenta tal como lo concibió, pero otras la propuesta es rechazada. En mi opinión, de las dos situaciones la más interesante es la segunda: exige la búsqueda de nuevas soluciones distintas a las que uno ya había encontrado y hace necesario entablar un diálogo con los editores que suele resultar fructífero siempre que las dos partes se muestren abiertas a los argumentos del otro, lo cual no siempre sucede.

Un caso particular es el de las portadas. En principio, la función de la portada es doble. Por una parte, tiene que reflejar la esencia del libro pero sin desvelar de manera explícita nada de lo que sucede dentro. Por otra ha de resultar atractiva a la vista, puesto que no se debe olvidar que un libro es también un objeto susceptible de ser adquirido. Hay editores para los que lo más importante es la venta y otros que no descuidan el primer aspecto.
Resulta paradójico que muchas veces, debido a los plazos tan cortos para realizar los trabajos, uno debe ilustrar la portada de un libro que no leyó, o sea, que tiene que captar la esencia de algo que no conoce. El editor aporta un resumen con el argumento del libro y algunas notas más a partir de las cuales ha de surgir la idea de la cubierta. Un ejemplo de ello es esta ilustración que hice recientemente para un libro de Noguer, Zapatos de fuego y sandalias de viento. A partir de la documentación que me facilitó la editorial llegué a la conclusión de que se trataba de un relato en cierto modo introspectivo y poético, lo que me llevó a proponer esta portada:


Sin embargo, la visión de la editorial era totalmente distinta y me indicaron que la ilustración debía ser alegre y llena de colorido. Finalmente, la propuesta aceptada fue la siguiente. Quedé muy contento con la maquetación, obra de María Bergós.



Otras veces sí existe la posibilidad de leer el libro en cuestión pero, igualmente, la portada solo aparece tras varios intentos. Antes del verano tuve ocasion de realizar la ilustración de cubierta para el libro La zona, de Dovlátov, un relato crudo de su estancia como guarda en una prisión perdida de la URSS. Ernesto Santolaya, el editor, me propuso un juego muy interesante: escoger el fotograma que quisiera de la película Stalker (titulada La zona en castellano) de Andréi Tarkovski, interpretarlo a mi manera y convertirlo en portada para el libro.



Pero nos dimos cuenta de que el juego tal vez forzaba demasiado las pocas analogías existentes entre la película de Tarkovski y la novela de Dovlátov por lo que, al final, decidimos desecharlo. Éste fue el resultado definitivo:




Ante el encargo de ilustrar un libro completo surgen las mismas situaciones que cité más arriba con respecto a las portadas: unas veces se acierta a la primera y otras tras varios intentos. Últimamente tengo medio atravesado un encargo con el que no consigo dar en la tecla. El problema surge porque el texto me llamaba a voces a realizar los dibujos en un estilo que no encaja con el de la línea de la editorial. Mi primera propuesta fue ésta:


Pero no convenció y, a partir de aquí, comenzó una sucesión de intentos para lograr meter forzosamente con el calzador mis ideas en los zapatos de la editorial y las ideas de la editorial en los míos. El resultado, como era de esperar, fue una serie de propuestas deformes y cada vez más desastrosas.




Hasta que di de nuevo con un estilo que creo que le puede ir muy bien al texto. Lo que ya no sé es si la editorial pensará lo mismo...




Como se ve, detrás de las ilustraciones definitivas para un libro se encuentra muchas veces una cantidad considerable de ideas y dibujos que acaban en la papelera o, si tienen suerte y se les toma algo de cariño, en el cajón. Pero cuando las propuestas rechazadas son ya demasiadas hay que empezar a plantearse si la editorial escogió al ilustrador adecuado y si el ilustrador debió aceptar aquel trabajo que le propusieron.

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Acabo de terminar un encargo con el que me lo pasé realmente bien. El motivo fue que supuso una bocanada de aire fresco en cuanto a la metodología de trabajo. Se trataba de realizar varias fichas para libros de texto destinados a niños de 2 y 3 años. Las características de estos niños hacen necesario depurar los dibujos de manera que, sin resultar simplones, estén dotados de una sencillez que les permita a los chavales percibir y comprender lo que se representa. Aquí van algunos ejemplos.




Los dibujos son muy interactivos, en el sentido de que están planificados para que los niños intervengan sobre ellos coloreándolos, pegando plastilina o pegatinas y recortándolos. Cuando uno ilustra textos literarios o álbumes siempre se queda con la intriga de saber qué es lo que sucede cuando llegan a manos de los niños pero en este caso tengo la certeza de que los peques se van a divertir con ellos, lo que hace el trabajo especialmente gratificante.
Además, tuve la ocasión de contar con un colaborador de lujo para experimentar...



9.9.09

·Papá oso (y III)·


Finalmente, terminé el Papá oso de Cecilia Eudave para A buen paso, un libro con el que disfruté enormemente: aprendí y me divertí.
Éstas son la portada y las guardas. Muchas gracias a quienes participasteis tan amablemente enviando vuestra foto. Pinchando sobre la imagen se ve más grande, por si alguien quiere entretenerse un ratito buscándose. Espero que os encontréis favorecidos con el sombrero...